Protestas en Reykjavík

Manifestación en Reykjavík

Manifestación en Reykjavík (foto de mbl.is)

En España ya estamos acostumbrados a las protestas callejeras. Ya hay mareas de tantos colores que nos da para elaborar una carta Pantone de la injusticia. Hubo un tiempo, no muy lejano, en que Sol se empezó a llenar de indignados con Islandia como paradigma.

Pues precisamente en Islandia ha habido una nueva protesta multitudinaria. Según hemos leído en medios como el Grapevine o Morgunblaðið, el pasado 3 de noviembre cerca de 5.000 personas se concentraron frente al parlamento islandés llenando la plaza de Aus­turvöl­lur. La gente empieza a estar harta del gobierno y así lo demostró. Por lo que se leía en las pancartas, la gente se reunió para protestar por diferentes razones: desde la corrupción del gobierno hasta el mal funcionamiento de la sanidad y la educación, pasando por la petición de nuevas elecciones. ¿Os suena de algo, mis españolitos?

El cantante y compositor Svavar Knutur se encargó de dar un breve discurso al inicio del evento, exigiendo a los funcionarios electos que hagan su trabajo con integridad, modestia y un mínimo de respeto para la población.

La protesta comenzó a perder fuelle cuando cayó la noche, y a las siete ya se había reducido a unos pocos cientos de personas. La veintena de agentes de policía que había por la zona no interfirieron con los manifestantes, según los medios islandeses.

En este clima de hastío, una encuesta del Market and Media Research (MMR) muestra que la coalición que está en el gobierno, entre el Partido Independiente y los progresistas, cuenta sólo con el apoyo del 33% de la población, el más bajo jamás registrado.

¿Alguien viviendo en Islandia nos da su punto de vista? ¿Tan mal lo está haciendo el gobierno?

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¿El turismo destruirá Islandia?

El monstruo del turismo destruye Islandia

Cuando pensamos en Islandia nos viene a la cabeza un pequeño Edén perdido en mitad del Océano Atlántico, un gran lienzo de paisajes vírgenes sobrecogedores; cuna de hadas, duendecillos y, por qué no, hasta de unicornios mágicos. Reconozcámoslo, viajar a Islandia es cool, todo el mundo quiere visitar la isla de hielo y fuego, experimentar la confusión mental y los mareos cual Stendhal al ver esos paisajes majestuosos y al respirar el embriagador aroma a sulfuro y putrefacción que emana del subsuelo.

Pero toda esa belleza puede tener los días contados si no se comienza a vigilar de cerca al terrible monstruo del turismo. Según Edward H. Huijbens (director del Instituto de Investigación de Turismo de Islandia) el país se encuentra “en un punto de inflexión con un millón de visitantes cada año”, por lo que hay que tomar medidas; y un tipo con tantas “haches” en el apellido no puede estar equivocado.

Huijbens plantea la posibilidad de crear un parque natural en las tierras altas del centro de la isla, de modo que el turismo estaría más controlado y su impacto en el medio ambiente sería menor. “En Islandia tenemos una serie de impuestos para las industrias y creo que lo mejor sería gastar ese dinero en desarrollar infraestructuras y planificar el futuro del turismo en el país”, explica alegremente Huijbens sobre un dinero que no es suyo.

Y llegados a este punto, no me queda otra que preguntar al sabio lector de La Parra: ¿Crees que Islandia tiene un problema con el turismo? ¿Cómo se podrían conciliar los ingresos necesarios del turismo con la protección del medio ambiente? ¿Cómo evitarías que las hadas, duendecillos y unicornios mágicos sucumbieran por el deterioro de su entorno ante la masificación de visitantes?

El Grapevine cumple 10 años

Portada de la revista islandesa The Reykjavík GrapevineNuestros compañeros de The Reykjavík Grapevine cumplen 10 años, y no podemos dejar de celebrarlo y darles la enhorabuena por seguir en tan buena forma. Junto con Iceland Review, es la única revista (al menos que yo conozca) que publica en inglés dentro de la isla nórdica de manera periódica.

Todavía recordamos con nostalgia nuestro nacimiento como blog al amparo de The Reykjavík Grapevine, aunque al poco tiempo declaramos nuestra independencia, como Islandia en 1944. En el caso de tres de los cuatro blogeros que formamos La Parra, nuestros meses trabajando para The Reykjavík Grapevine fueron una experiencia no sólo a nivel profesional, sino también personal y cultural. Y en mi caso particular, mi excusa perfecta para vivir tres meses en Islandia.

Por eso, queremos desde aquí desearles mucha suerte a nuestros compañeros y que la aventura les dure, al menos, otros diez años más. Anna, Hilmar, Aðalsteinn y cía…

Til hamingju með afmælið!!!

Y vosotros, lectores de La Parra, ¿también leéis The Reykjavík Grapevine? ¿Qué os parece?

Nostalgia islandesa (mi primera vez)

Imagen de paisaje de IslandiaNuestra querida Marta comenzó esta pequeña oleada de post nostálgicos y de añoranza por Islandia. Luego fueron los otros dos amigos parreros, Félix y Anna, los que continuaron el ciclo de recuerdos islandeses con sendos artículos sobre lo que supuso para ellos vivir temporalmente en la legendaria isla nórdica. No hace falta ser Albert Einstein ni Joseph Haller para deducir que el siguiente en aportar su granito de arena al museo de la reminiscencia iba a ser yo. Allá voy.

Confieso que llegué a Islandia de rebote. Mi compañera había sido admitida para trabajar varios meses en una empresa de voluntariados en Islandia y en vista de la situación desoladora del mercado laboral en España aproveché la circunstancia para, al menos, disfrutar de una experiencia única. Sigue leyendo

Ég tala ekki islensku (pero me gustaría)

Foto de Anna en ReykjavíkCuando aterricé en Schiphol, Amsterdam, aún me faltaban cerca de seis horas para coger el avión que me llevaría a Keflavík. Estaba sentada en una de esas butacas impersonales de aeropuerto intentando imaginar cómo sería todo aquello; las casas, los paisajes, la gente… Tuve incluso tiempo de crear un plan B en caso de que me equivocara de autobús o me perdiera.

Mi aventura principal se llamaba “campo de trabajo” y vivía con otros voluntarios de distintos países en una de las casitas que la organización Worldwide Friends tiene en Hverfisgata, justo debajo de Laugavegur, una de las calles principales de Reykjavík. Apenas llevaba un par de horas en la capital islandesa y ya estaba tomando mi primera Víking en uno de los locales que visitamos con más frecuencia durante nuestra estancia, el Café Oliver. Lo que me sorprendió de ese lugar fue que durante el día era un sitio familiar, de barbacoas café o té y por la noche era un sitio más de la locura islandesa. Sigue leyendo

Nostalgia desde Madrid

Imagen de Félix Tungsteno a contra luzHace ya un año y un mes que dejé Islandia. Sólo estuve tres meses, suficiente para llegar a adaptarme a una nueva vida que, en el mejor momento, terminó. Durante esas doce semanas en Reykjavík tuve tiempo de establecerme una rutina y unos comportamiento habituales, algunos de los cuales echo de menos cada día. Aquí algunos: Sigue leyendo

Los buenos recuerdos siempre vuelven

Imagen del cielo de IslandiaMi primer aterrizaje en Islandia supuso la puesta en marcha de un mes del verano de 2008 en que el que un país cautivaría mi sorpresa.

Recuerdo la primera vez que pisé la Blue Lagoon.  Entonces eran pocos turistas y paisanos los que recorrían los terrenos volcánicos. Era el tiempo en que el volar allí, con escala en Londres, te hacía sentir el placer de sumergirte de lleno en otra realidad (más rubia, de ojos azules y rasgos vikingos) de la que era imposible salir porque los extranjeros en Islandia, fuera de la capital, se contaban con los dedos de una mano. Sigue leyendo